Es criterio general entre los tratadistas atribuir al Bos taurus ibéricus, o bovino negro del centro peninsular,

la directa paternidad de la raza, aunque para terminar en ésta pasara por etapas sucesivas representadas por otros tantos tipos de vacunos. De aquella subespecie bovina de clara autonomía y destacada independencia, sería ésta la rama más fuerte, poblada y representativa.
El bóvido ibérico primitivo respondía a un tipo hipermétrico, más manifiesto en cuanto a formato que a peso, medio líneo, con clara tendencia a la longimorfosis, mesodolicocéfalo por las medidas del cráneo y macrocero por encornaduras, todo lo cual coincide con la caracterización del Uro o Auroc, aborigen salvaje, del que conserva además otros rasgos.
La corpulencia del vacuno Castellano en su paralelismo con el Uro era altamente significativa por perpetuarse en un medio poco favorable para el desarrollo esquelético, como son los terrenos graníticos y ácidos de las Sierras Centrales; todo ello sin contar que la domesticación traduce pérdidas de formato. Por añadidura, la disgenesia ambiental, imperfecciones de manejo, limitaciones nutritivas, etc., no fueron suficientes para mantener la condición heredada e imponer el tamaño reducido; el cual, paradójicamente es atributo de todo vacuno de montaña.
Con las favorables condiciones evolutivas (aislamiento, tradiciones de cría, etc.) se desarrolló la génesis del bovino negro castellano en el seno de su base ancestral, sin influencia e infusión de sangre de cualquier raza, en un proceso endogámico mantenido desde remotas épocas hasta nuestros días.

Con la prosperidad de Castilla (siglos XIV y XV) se abren ferias y mercados, el tráfico de mercancías y de ganado es intenso, comenzando a tomar fama ya la ternera de Castilla en las ferias importantes.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX se redujo el área geográfica del gran bovino negro ibérico a la Meseta Central, dando lugar al popular y generalizado apelativo agrupación Serrana, en base a su general y definitivo encuadramiento montañoso. Dicha agrupación étnica, de biotopo común, se hallaba integrada por múltiples emplazamientos aislados, dispersos y en regresión, que recibían diferentes denominaciones como consecuencia de su asentamiento geográfico (Avileño, Piedrahitense, Barqueño, Pinariego, Guadarrameño, etc.);
aunque la amplia terminología siempre mantuvo el prefijo de Serrana.
El principal aprovechamiento que se realizaba de esta agrupación era como motor animal, del que se fue viendo privado y con ello su porvenir, debido a diversas razones: reclusión en terrenos montañosos de medio difícil,

adscripción a economías rurales pobres e inmovilistas, acoso por la expansión de otros tipos bovinos más productivos, etc. con lo que la evolución de sus efectivos y calidad intrínseca era francamente regresiva, hasta el punto de desaparecer en muchos de sus reductos y, en los que permanecía, manifestaba claros signos de degeneración. Sólo las fracciones de las serranías abulenses y áreas vecinas, quizás por su mayor grado de pureza y también porque disponían de importantes núcleos acogidos a la explotación extensiva, liberados de la servidumbre como animales de trabajo, resistían al paso del tiempo, luchaban contra la indiferencia y el abandono, y dirigían sus objetivos de cría hacia la especialización carnicera con resultados francamente alentadores. Así surge la nueva versión del tipo serrano, con el nombre que lógicamente le correspondía: la raza Avileña.
Pero debido a la confusión etnológica que se creaba con el resto de los bovinos negros serranos, se adoptó para esta última fracción la denominación oficial y tecnificada de Negra Ibérica. Con el tiempo la Avileña se impuso como ganado mejorado, contribuyendo también al sostenimiento de la Negra Ibérica debido a la abundante cesión de “sangre”. Posteriormente y debido a la identidad de rasgos, sistemas de explotación y coincidencia de objetivos de selección hacia la producción de carne, se optó por agruparlas bajo la denominación única de Avileña-Negra Ibérica.
En el año 1970 el MAPA crea el Libro Genealógico de vacuno de raza Avileña pero diez años después, en 1980, la Dirección General de la Producción Agraria resolvió modificar la denominación y actualizar su reglamentación específica, creando el Libro Genealógico y Comprobación de rendimientos de la Raza Avileña-Negra Ibérica, antes Avileña. En su momento, se produjo como respuesta para tratar de encuadrar en unidades genéticas mayores a los diferentes grupos de ganado que correspondían a un tronco étnico común.
La raza Avileña aparecería catalogada por el MAPA en el año 1979 como raza autóctona de fomento, siguiendo en la misma categoría en el actual Catálogo Oficial, aunque ya con el nombre oficial de la raza, el de Avileña-Negra Ibérica. Son de reseñar las diferentes Exposiciones y Subastas Oficiales a las que acude la raza, tanto dentro como fuera de España.